SIETE COSAS
A propósito del “IV concurso de cuento para jóvenes Andrés Caicedo”
La primera
Ganar un premio literario es una circunstancia del azar, como ganarse la lotería. Esto tiene efectos psicológicos positivos sobre el ganador: le da confianza, seguridad y le produce de paso una inmensa alegría. Siéntanse felices. Además, es un privilegio, porque no hay muchos premios literarios de este tipo en Colombia. Así que siéntanse también privilegiados. Esto les dará un aura especial, así sea efímera. Tengan en cuenta, sin embargo, que hay escritores y escritoras extraordinarias que no ganan premios. No se puede premiar a todo el mundo. Sólo puedo decir que el “IV concurso de cuento para jóvenes Andrés Caicedo” es un premio magnífico. Se han hecho a un gran premio.
La segunda
El jurado lo conformamos un grupo de tres personas, tres seres humanos, tres adultos sensibles y exigentes: la escritora gótica Carolina Andújar, el cuentista y novelista José Zuleta, y yo. No somos un comité de sabios, simplemente tres lectores apasionados a quienes los dioses y los demonios nos permitieron, entre otras cosas, escribir. Sospecho que por eso fuimos convocados por la Fil Cali, y por su directora, nuestra querida amiga Paola Guevara, para leer sus cuentos, que conversamos y discutimos. A pesar de nuestras diferencias, el diálogo nos permitió disipar tensiones y llegar a acuerdos. Entonces, Carolina, José y yo seleccionamos a los ganadores y finalistas en las dos categorías convocadas.
La tercera
El cuento es un género que puede adoptar cualquier forma y hablar sobre cualquier cosa, con emoción, con estilo y, sobre todo, con belleza. Creo que, en el arte y la literatura, sólo lo bello permanece. Los tres buscábamos una voz propia en cada uno de sus relatos, algo humano e imperfecto. Algo que nos hiciera recordarlos después de leerlos, que nos quedara resonando en la cabeza: una imagen original, una palabra en el lugar preciso, una frase transgresora, un personaje raro, una escena incómoda o una música misteriosa. Todo eso que, a mí, personalmente, me emociona, porque es algo difícil de lograr.
La cuarta
“De vez en cuando se duerme el buen Homero”, dijo Horacio, refiriéndose a los fallos que los críticos de la antigüedad advirtieron en la Odisea, como cuando el anciano Egiptio, en el Canto II, habla sobre la suerte de su hijo Ántifo en la guerra de Troya. El viejo cuenta en la asamblea, que había convocado Telémaco, que el muchacho había sido devorado por el cíclope en la cueva, pero en ese momento él todavía no podía saberlo porque Ulises aún no había regresado para contárselo. Cervantes, por ejemplo, olvidó por un momento que a Sancho le habían robado el asno. Se dice que Gabriel García Márquez repitió un párrafo en la primera edición de Crónica de una muerte anunciada cuando estaba aprendiendo a usar el computador. En “Vacío”, Andrés Caicedo dice: “Voltié la cara y ella me estaba diciendo adiós desde la ventana”. Un insensible corrector de estilo podría haber tachado ese original término coloquial poniendo: “Volteé la cara”, arruinando de paso el estilo del autor. O podría también haber distorsionado la frase de “Besacalles” que dice: “me le acerco y le digo muy lentamente qués lo que usted sestá creyendo joven”, en la que intencionalmente el joven autor pegó las palabras qués y sestá para darle voz a su personaje. De hecho, el corrector del Word me las subraya con esa antipática línea roja ondulada que indica que hay un error de ortografía. La gran literatura es imperfecta como nosotros los seres humanos, un buen libro está lleno de las mismas cicatrices y manchas en la piel de su autor, y de sus emociones en desorden, y de sus palabras desajustadas. Incluso Anton Chéjov aconsejaba “ser desmañado y audaz”.
La quinta
Recuerden que Andrés Caicedo empezó a escribir cuando tenía 15 años. Escribió más de cuarenta relatos. Hay una antología de la colección Libro al viento, que es gratuita, en la que se publicaron siete cuentos. En el prólogo Sandro Romero Rey dice que es muy probable que en el relato “Vacío”, escrito en 1969, Caicedo haya encontrado su voz. Andrés Caicedo era en ese entonces apenas un joven de 18 años, como ustedes. No quiero que piensen en él sólo como una leyenda, él era un escritor de carne y hueso que vivió en unas circunstancias específicas cuando Cali era otra Cali, y Caicedo era otro Caicedo: vivió, amó y padeció muchas cosas en este lugar.
La sexta
A un escritor o escritora lo inspira su origen, su país, la cultura que lo atraviesa, las emociones que lo perturban, las lecturas que goza o padece, la familia que lo rodea o lo abandona, los amigos de la vida, el barrio que lo vio crecer, las alegrías efímeras, y el dolor constante, sus recuerdos, los lenguajes privados que son tan familiares y tan extraños que si no los rescatamos del olvido tienden a desaparecer, las cicatrices que nos indican que tenemos pasado. Todo aquello en lo que ha crecido y convertido en derrotero de su imaginación.
La séptima cosa
No me queda más que felicitar a los ganadores Miguel Ángel Román por escribir “Los ojos de Ñato”; a Isabela Cardona por “Los pelos”; a Enmanuel Rodríguez por “La fe de los tristes”, a Sara Paulina Londoño por “El museo de los corazones”; a Isabella romero Castaño por “C4T”, y a Daniel Daza Cuéllar por “Agua que cae”; y también quiero felicitar a los finalistas: a María Paulina Salazar por “Un jardín de huesos”, a Juan Felipe Posada por “Carta desde la vía del retiro”, a Saric Loraine Díaz por “Hojas al viento”, a Miguel Ángel Vidal por “Beto”, a Gabriela Enríquez Gómez por “Desaparecida”, y, finalmente, a Laura María Vidarte por “Ella es una delicia de ver”. Sus cuentos parecen escritos sin las prevenciones de los escritores adultos, más bien, están creados con el impulso vital de la juventud, que hace la escritura más juguetona y arriesgada. No voy a ser yo quien les diga qué sigue después de esto, porque mi trabajo, así como el de José Zuleta y Carolina Andújar, está hecho. Es tiempo de celebrar. Andrés Caicedo era tan joven como ustedes cuando empezó a escribir. Fue un vanguardista, y los tiempos, estos tiempos, son propicios para las vanguardias.
Cali, 2 de noviembre de 2025.
CODA MUSICAL


Gracias amo los cuentos, y la hermosa música que compartiste. Un verdadero placer leerte.
Hola, podemos usar parte de este post en el concurso de Substack y pedir una cosa?